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Alta Joyería · 6 min

El arte del engaste

Dentro del taller: la mano que sostiene la gema decide su destino.

Un engaste mal hecho mata una gema. Puede asfixiarla en metal, robarle luz, o peor: soltarla. Por eso en el taller la pregunta nunca es cuánto tarda una pieza, sino cuándo está lista.

La plata ley 925 se corta a sierra, se lima y se recuece hasta volverse dócil. Las garras se levantan una a una y se cierran sobre la esmeralda con presión de dedos, no de máquina — la esmeralda no perdona la fuerza bruta.

El último paso es el pulido a espejo, que en plata exige paciencia: cada rastro de lima debe desaparecer sin redondear las aristas del diseño.

Solo entonces la pieza recibe su nombre y su número. Y deja de ser plata y piedra para volverse SABAT.